ALUMNI Kike Calvo: «El cariño con el que mis profesores del Británico ejercieron sus profesiones definitivamente influyó en la persona que soy a día de hoy»

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Os presentamos a un Alumni Británico muy especial: Kike Calvo (Zaragoza, 1972)  es un hombre del Renacimiento en pleno siglo XXI. Fotógrafo de National Geographic ampliamente galardonado y reconocido, periodista y autor bilingüe, con una sólida formación interdisciplinaria en economía, asuntos internacionales y medio ambiente. En su perfil de Instagram, donde le siguen más de 31.000 personas, puedes hacerte una idea de todo lo que Kike Calvo ha vivido. A día de hoy, Kike continúa  enseñando fotografía en talleres, seminarios y conferencias en todo el mundo.

Ser fotoperiodista de National Geographic debe ser muy emocionante y te habrá llevado a conocer lugares recónditos del planeta. Cuéntanos qué es lo que más destacarías de esta experiencia:

Desde niño soñé con explorar el mundo. Yo era de los que se quedaba mirando las aventuras del Capitán Cousteau abordo del Calipso en “La 2”. Creo que la imaginación es algo que mis padres cultivaron en mí. Coleccioné sellos, minerales, monedas, cactus…¡Y cómo es la vida!, El hijo de Jacques, Jean-Michel Cousteau, escribió el prólogo de uno de mis libros hace unos años.

Hablaría de mi experiencia profesional y de vida, como peculiar. Me siento enormemente agradecido por haber podido ver la esencia humana a través de un lente en culturas y geografías de muchas partes del mundo. En esencia todos buscamos la felicidad, pero los entornos, religiones y circunstancias tan diferenciados, hacen que esa búsqueda sea tan dispar. Pero idéntica en esencia.

Compagino las expediciones a rincones remotos del planeta, con dos proyectos personales: Por un lado, la creación de un Canal de Youtube, con temáticas bilingües sobre viajes, exploración, conservación, emprendimiento y creatividad.
Te hará gracias, pero hasta he realizado video-colaboraciones de cocina con unos de mis mejores amigos en la infancia y ex-alumno del colegio, Luis Emilio Fernández (Luiche). Y por otro, vivo inmerso y apasionado en la creación de un proyecto educativo llamado The Adventures of Pili. Lidero a un grupo de profesionales alrededor del mundo con la misión de crear libros infantiles bilingües que inspiren a los niños a aspirar. Nos centramos en aventuras envueltas en un entorno de sostenibilidad y multiculturalidad. Ya tenemos aventuras, libros de colorear, guías de campo e historias para dormir. Se pueden encontrar en inglés, español, chino, japonés, ruso o swahili, y siempre son bilingües. Cuando alguien compra uno de nuestros libros, sucede algo mágico. De las formas más singulares que puedas imaginarte, y colaborando con fundaciones que trabajan en el Amazonas o el Orinoco, hacemos llegar cientos de libros a niños que viven en comunidades remotas en diferentes partes del mundo. Así que si alguien que esté leyendo esta entrevista, tiene que hacer un regalo, lo invito a regalar un libro de Las Aventuras de Pili. 

– Tus fotografías han sido premiadas y expuestas en las salas más importantes. De cuáles de todas estás más orgulloso

Esta es una pregunta difícil para un fotógrafo. Pero diría que aquellas fotografías que han inspirado a crear cambios, despertar conciencia, o han hecho que personas de diferentes países, valoren más los recursos naturales, la naturaleza y las tradiciones culturales que los acompañan en su caminar por la vida.

¿Cómo te ves en el futuro? ¿Qué esperas de tu carrera profesional?

Mi deseo es ser feliz e inspirar a los demás a soñar. Ver que los que me rodean son felices, también es muy importante para mí. El ir y venir de la vida pone las cosas en perspectiva. Y si bien liderar expediciones como fotógrafo de National Geographic en la Antártida o el Amazonas, es un gran logro personal y profesional, para mí lo más importante es inspirar a mi hija. Enseñarle a querer y respetar la fantástica red de vida que nos envuelve y entrelaza. Me despierto cada mañana con el objetivo diario de enseñarle a ser una aventurera. Intelectual, sensible, y multicultural, siempre observadora del mundo que la rodea. De buen corazón. Quizá no esperabas esa respuesta. 

– ¿Qué recuerdos tienes del colegio? Como recuerdas tu paso por el Británico y qué destacarías de tu aprendizaje aquí? 

Me gustaría responderte con algo que escribí para un video que realicé para  mi canal de YouTube cuando me enteré del caso de Carmela.

Los recuerdos del pasado, son los fragmentos que conforman nuestra memoria. Y quien forma parte de tu infancia, siempre deambulará por los valles y picos de tu corazón. Porque muchas veces, las grandes batallas se luchan en el interior.

Atesoro los recuerdos de mi paso por el colegio como algo muy especial. Mi imagen visual del colegio es algo cercano, próximo y entrañable

– ¿Profesores más queridos?

Son tantos que no sería justo mencionar a unos, y dejar a otros fuera. Aprovecho la oportunidad que me brindas para enviarles un abrazo y agradecerles a todos por cada granito de conocimiento y curiosidad que sembraron en mí durante mis años en el colegio. El paso del tiempo pone las enseñanzas en su contexto. Han pasado años desde que hiciera clases de música con Maite Azua. Y cosas de la vida, decidí aprender a tocar el piano durante la pandemia. Un día sin saber ni cómo ni por qué, compré un piano para mi hija. Una noche me senté frente a las teclas. De forma totalmente improvisada, “sin saber nada de música” y sin haber tenido contacto con un instrumento desde mi infancia, por arte de magia brotó  una canción para mi hija. La llamé un Recuerdo para el Mañana. El otro día reconecté con Maite (muchos años después) para darle las gracias por los cimientos musicales que sembró en mí. Y es por ello, que no son unos, sino todos, a los que agradezco su paciencia y enseñanzas. Con esto no digo que fueran los mejores, o que usaran las mejores metodologías (eso no puedo valorarlo), pero sí puedo afirmar que el cariño con el que mis profesores del Británico ejercieron sus profesiones definitivamente influyó en la persona que soy a día de hoy. Cada etapa en la vida, añade una capa de conocimiento. Y claramente los cimientos más esenciales, los recibimos en nuestras casas y en los primeros años en los que entramos a un colegio.

 – ¿Tienes alguna anécdota que recuerdes?

Tengo muchísimas anécdotas y grandes recuerdos. Voy a resumirte un par, de las que se pueden contar.
En 4B, nos mandaron escribir una historia. Yo decidí hacerla sobre un mosquito. La llamé, El Mosquito Desgraciado. Recuerdo que gustó mucho entre mis compañeros. Tanto, que al siguiente año, en un ejercicio similar, redacté la secuela. Era el año 1982. En el 2020, decidí rescatar el manuscrito original que aún conservo, reescribirlo y convertirlo en un libro infantil bilingüe titulado The Tale of a Flightless Mosquito basado en el original.

Entorno a esa misma época, llevé una cámara Agfa de 8mm (sin audio por cierto) al colegio. En los recreos junto a un grupo de amigos, creamos un breve guion, e incluso grabamos una corta película de acción que aún conservo.

Son tantas imágenes en mi mente que necesitaría un libro para sintetizar esos momentos. Recuerdo…un día saliendo de clase. Era la hora de irse a casa y todos salíamos del edificio, corriendo por las escaleras, hacia los autobuses. Los porches del edificio estaban recubiertos en la parte interior de unas largas planchas de algún material metálico. Largas piezas alargadas y huecas. Recuerdo (espero no estar soñando despierto, pero creo que sí pasó) saltar al bajar las escaleras y tocar con la mano un extremo suelto de una de las piezas que recubrían el techo. Y una tras otra comenzaron a soltarse, a modo de efecto dominó.

Recuerdo que éramos una clase creativa. Tan creativa (y espero que esto no lo lean los actuales alumnos del cole) que llegamos a frotar las mesas con los calcetines sudorosos después de hacer clase de deporte en los meses más calurosos, para conseguir posponer alguna actividad que no nos hacía mucha ilusión. Y he de admitirlo: combinar el efecto compuesto de todos esos calcetines es devastador.
Y quiero cerrar esta entrevista con un cordial saludo para mis compañeros de curso (el A y el B) porque sin saberlo, hicieron que tuviera una infancia feliz. Y también a todos los profesores y personal del colegio. Aventuras, risas, juegos, y bromas que, a día de hoy, los llevo conmigo. Hace un tiempo que los compañeros de clase reconectamos a través de un grupo de Whatsapp. A muchos, no los he visto hace muchos años. Pero no importa. Me alegra saber de ellos. Saber que están bien. Y el haber podido intercambiar ideas, consejos y apoyos durante el “inolvidable” 2020. Y como le bromeaba el otro a un amigo en el chat de de clase, esto de cumplir años me está haciendo un fotógrafo ¨sensiblón¨. ¡Y con mucho orgullo! Un abrazo a todos, y como siempre digo: ¡Nunca dejéis de Soñar!

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