ALUMNI BRITÁNICO Ignacio Hermoso «El Británico me dio libertad en todo momento de pensar y de hacer las cosas a mi manera»

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Ignacio Hermoso (Zaragoza, 1982) estudió Derecho en la Universidad de Zaragoza, con Erasmus en Lille, en la Facultad de Ciencias Políticas. Tras licenciarse, adoptó la “decisión loca” según sus palabras, de centrarse en las oposiciones al Cuerpo Superior de Administradores Civiles del Estado, aprobando en 2007 y comenzando, a partir de entonces, su vida laboral administrativa. Empezó gestionando los Recursos Humanos de la entonces recién creada Agencia Estatal de Seguridad Aérea, para pasar, un año y medio más tarde, a ser el Subdirector General adjunto de Normativa en el Ministerio de Sanidad.

Tras esa experiencia, que duró unos tres años, pasó a ser asesor del entonces Secretario de Estado de Cultura, José María Lassalle, para posteriormente ejercer el puesto de Vicesecretario General Técnico del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte. De allí dio el salto a la Secretaría General del Teatro Real, puesto por el que guarda un cariño extraordinario, por la enseñanza no sólo laboral, sino también vital, que supuso hacerse cargo de la gestión de una institución artística de la talla de ese Teatro, primera institución de las artes escénicas y de la ópera de España.

 ¿Dónde estás trabajando actualmente? ¿Por qué te decidiste por ese puesto?

Actualmente soy el Secretario General Técnico del Ministerio de Ciencia e Innovación. La decisión fue, como casi tantas cosas en la vida, adoptada de manera intuitiva: hasta ese momento era el Secretario General del Teatro Real y, de manera repentina, recibí una llamada para ver si estaba interesado en entrar en el mundo de la gestión científica. Pedro Duque, Ministro en ese momento, hizo el resto, y desde hace tres años y medio me encargo de ese puesto de nombre oscuro, pero que puede definirse por las funciones y cometidos que desarrolla: la asistencia jurídica, la preparación de los Consejos de Ministros, la elaboración y tramitación de las normas legales y reglamentarias en materia de ciencia, tecnología e innovación, la resolución de los recursos administrativos y las relaciones con los tribunales y, finalmente, pero no menos importante, la dirección de la atención al ciudadano, los registros, la protección de datos, la transparencia y el programa editorial del departamento. Todo esto, por supuesto, acompañado del mejor equipo profesional con el que podría contar jamás.

¿Qué recuerdos tienes del colegio? ¿Cómo recuerdas tu paso por el Británico?

 Los recuerdos del colegio son, como prácticamente todo en la infancia, idealizados y extraordinarios en casi todos los aspectos, porque también hay sombras en toda experiencia: fue una época de aprendizaje, de disfrute de nuevas vivencias, de forjado de las amistades que todavía hoy conservo con el mayor cariño y con las que sigo manteniendo esa relación, propia de todo lo que viene de época escolar, de aprecio, simpatía, cercanía, complicidad y confianza sobre todas las cosas. Y cito, además: Jos, Odrio, Flakes, Roberto, Pablo, Félix, Fon, Abascal, Chusco o Artigas siguen allí, y yo con ellos. Y por supuesto, el orden es aleatorio, porque podría citarlos en distinto orden.

¿Qué destacarías de tu aprendizaje aquí?  ¿Qué es lo que más te ha valido para tu vida personal y profesional de tu aprendizaje en el Británico?

Si digo que el idioma inglés, no mentiría del todo, porque me permitió aprobar el segundo de los exámenes de la oposición sin necesidad de dedicarle demasiado esfuerzo, lo que me permitió centrarme en los restantes exámenes.

Pero sería quedarme, exclusivamente, en lo superficial o, al menos, en lo que uno piensa cuando piensa en el Británico. Creo que lo mejor de ese colegio es que me dejó la libertad, en todo momento, de pensar y de hacer las cosas a mi manera. Que nunca fueron rígidos en sus planteamientos, que daban pie al pensamiento crítico, que permitieron la rebeldía (todavía recuerdo mis discusiones sobre libros con María Ángeles Ferrer). Y eso vale muchísimo.

En la polivalente, en un Open Day de los 90
foto de clase con Joan Hughes

En la foto de arriba en uno de los Open Day en los 90 y la foto de clase del curso 94-95 con Joan Hughes

– ¿Profesores más queridos?

Por supuesto, siempre hay profesores más queridos. En mi caso, el podio es compartido entre María Ángeles Cortés, el Señor Santos y María Ángeles Ferrer. Pero hay muchos más, y con alguno de ellos sigo, además, manteniendo contacto: con Isabel Rovira, por ejemplo, o con Ana Navarro o Dámaso Merino.

Y ojo. No me quedo sólo en los profesores. Tengo que hacer una mención muy especial y con muchísimo cariño a Carmela. No era profesora, pero era el factótum del colegio. Y sigo hablando con ella y guardándole un aprecio inmenso: incluso pudo visitar el Teatro Real y comimos, hace no tanto, en la cafetería del propio Teatro.

– ¿Algunas anécdotas que recuerdes?

Muchas muchas muchas. El viaje de estudios a Córdoba y Granada. El viaje, tras selectividad, a Salou (adónde si no). Recoger palos y piedras en el recreo para subirlos a clase. Los odiosos Cross-Country. Los viajes en autobús hasta el colegio, que daban para mucho (y, sobre todo, para estudiar en ese momento para los exámenes). Los Open Day. Sentir que llegaba el verano y acababa el curso.

jugando a Tenis en la Ciudad deportiva del Real Zaragoza
Ignacio Hermoso en la actualidad, con unos amigos en Madrid

En la foto de arriba en la ciudad deportiva del Real Zaragoza jugando a tenis y abajo, Ignacio en la actualidad con unos amigos en Madrid

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