ALUMNI BRITÁNICO Diego Escanero: « El Británico ha tenido tanto impacto en mí que literalmente me he vuelto inglés»

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Diego Escanero Ereza (Zaragoza, 1975) estudió en Zaragoza donde se licenció en Derecho. Su primer trabajo fue en Barcelona, como abogado en el área de mercado de capitales de Cuatrecasas, donde pasó un par de años hasta que obtuvo la primera plaza en las pruebas de selección para la asesoría jurídica de la Comisión Nacional del Mercado de Valores en Madrid. 

Allí estuvo otro par de años hasta que se fue a Londres a trabajar en 2004 en el Banco de Inglaterra. Aquí ha desempeñado funciones en el área de regulación, internacional, y la última década,  en inspección bancaria. Ha tenido cargos que le han hecho pasar temporadas en Paris, Frankfurt y Bruselas.

Sergio Lacambra en una charla sobre economía política en acto reciente de Cámara de Comercio de Zaragoza
¿Por qué te decidiste por ese trabajo? 

Mi trabajo tiene un impacto considerable en la economía y en toda la gama de agentes sociales; desde el sector financiero al empresarial y consumidores. En ocasiones es muy estresante, como ahora mismo, pero cuando no estamos en crisis me permite pasar mucho tiempo con mi familia, ya que es sector público. Me considero afortunado, es un trabajo interesante que me ha dado infinidad de oportunidades de conocer lugares y personajes únicos.

Por ejemplo, he tenido la oportunidad de ver la historia de España a través de la impresionante colección de monedas que está situada en la cámara subterránea del oro del Banco de España. También he visto el oro nazi que está depositado allí; lingotes marcados con la cruz gamada de 1930-1940. He estado en el palacio de Buckingham departiendo en un corrillo con la Reina de Inglaterra. Fui invitado a la cena de la última visita oficial de los Reyes de España a Londres en el great hall del Guildhall en la city, a un minuto de mi oficina. He tenido oportunidades como visitar Dresden en un tranvía histórico de la Alemania del Este bajo el telón de acero que sacaron especialmente para nosotros, y pude ver el profundo impacto en las caras de sus habitantes al ver un símbolo de un pasado no tan lejano que no habían visto en decenas de años. Una vez, todo mi equipo fue recibido por el ministro de economía inglés en Downing Street para agradecernos nuestra ayuda en la elaboración de la ley que separa la banca minorista de la banca de inversión en Reino Unido. He conocido y supervisado a muchos presidentes y consejeros delegados de bancos españoles e internacionales. Paro aquí, perdón por la ostentación. Soy proclive a enredarme con batallitas. 

Marta, en Kiev, ciudad que visitó en un congreso de arquitectura
¿Qué destacarías de tu aprendizaje aquí?  ¿Qué es lo que más te ha valido para tu vida personal y profesional de tu aprendizaje en el Británico? 

La mayor aportación que he recibido del Británico ha sido un grupo de amigos con los que me río a diario a pesar de vivir fuera de España hace casi veinte años y volver a Zaragoza solo una vez al año. La generación de 1975 tiene mucha gente muy brillante. En ese sentido, resaltaría la formación de gente buena y saludable, independientemente de lo que hagan luego en su vida profesional. 

Ahora, mis hijos van a colegios privados de primer nivel en Londres, y puedo ver el modelo que los fundadores del Británico tomaron para nuestro colegio. La educación de primer nivel es selectiva y competitiva. Basta ver las pruebas de acceso para niños de 7 u 11 años para este tipo de colegios. Considero fundamental incentivar una ética de trabajo sólida y complementarla con soporte pastoral en todos los aspectos escolares para asegurarnos de que formamos a jóvenes que den lo mejor de sí mismos y que al mismo tiempo sean buenas personas, con buenos valores. Esto es fácil de decir, pero muy difícil de llevar a cabo. Con la generación de 1975 el Británico lo clavó.

 

Marta junto a sus compañeros, sentada en la fila de abajo a la izquierda
Marta junto a sus compañeros, sentada en la fila de abajo a la izquierda
Marta junto a sus compañeros, sentada en la fila de abajo a la izquierda
¿Qué recuerdos tienes del colegio? ¿Cómo recuerdas tu paso por el Británico?

Mi estancia en el Británico fue muy feliz y divertida.  Yo era de los que no creaban muchos problemas. Mis recuerdos del Británico son los recuerdos de mi infancia y de mi adolescencia. Las primeras experiencias de casi todo. Mis compañer@s de la A vieron potencial en mi y me votaron delegado de clase con carácter perpetuo. Fue lo peor que podían haber hecho para mi ego. Recuerdo tragarme reuniones infumables y mucho humo de tabaco (señores profesores!) donde se discutían las últimas gamberradas de los Lumbreras. Yo diligentemente se las chivaba de vuelta a Daniel. Hay tantos episodios, incluyendo las dos faltas graves que recibimos cuando el F18 se estrelló a un par de kilómetros del colegio. Recuerdo claramente el boquete que abrimos en la valla y la desbandada en bloque, como la gran migración de los ñus cruzando el rio Grumeti en el Serengueti, que también he tenido la oportunidad de ver in situ en un viaje de cumpleaños que me regaló mi mujer.

Fijaos si el Británico ha tenido impacto en mi que literalmente me he vuelto inglés. Go Shakespeare! Bueno, el Brexit también ha contribuido a mi nacionalización. Esto me ha acarreado tener que llevar con orgullo la etiqueta de ‘traidor’ entre mis estimados compañeros de clase.

Marta junto a sus compañeros, sentada en la fila de abajo a la izquierda
 ¿Profesores más queridos?

Hay tantos por recordar que esto va a ser necesariamente injusto: Jesús Oloriz para mi fue como Robin Williams en el club de los poetas muertos; ‘Susana, punto negativo’.

Víctor Fuertes, un hombre de gran zancada y flequillo oscilante con un grandísimo sentido del humor. Sacarle de quicio era el pasatiempo colectivo favorito de la A. Las risas fueron tan intensas que estoy seguro provocaron incontinencia en varios alumn@s. ‘El frío no existe, es simplemente no calor’. El mundo perdió un gran filósofo, pero ganó un gran formador.

Mr Dobson. Cualquier cosa que diga no se acerca a describir la realidad. Me encuentro entre aquell@s que tuvieron la fortuna de tenerle por partida doble, también recibiendo clases particulares a domicilio que invariablemente acababan en cena semana tras semana. Los Martes en chez Garate, los Miércoles en chez Escanero y los jueves en chez Díaz Gómez. Cuántas cassettes de Mr David Dobson presumiblemente tocando el órgano se hallan escondidas en los cajones de las casas de familias del Británico. Saldrán a la luz. Tiempo al tiempo. Los viernes en chez Sanz.

Ana Navarro, Carmela y Visy fueron segundas madres. Ana Chinea nos guió por el camino entre la infancia y la adolescencia. Con Menchu, María Eugenia y María Ángeles Ferrer ya éramos plenamente conscientes de nuestros nuevos superpoderes. Las lecciones fueron inolvidables.

María Ángeles Cortes, genio y figura. Ella tiene plaza en Hogwarts como profesora de artes ocultas.

Manolo, siempre tuvo más alma de alumno que de profesor. Incontables salidas por la noche zaragozana.

Me dejo a la mayoría, perdón. Damaso. Miss Pat. Lucrecia. Mister Speakesman, cuyo gran bigote no pudo proteger sus dientes en un partido de rugby un fin de semana. Perdió varios. El Sr Marquina, del que siempre dude si era tan estricto con nosotros porque Alberto estaba en la A. Todos inolvidables. Han dejado huellas imborrables en generaciones de alumnos del Británico.

¿Algunas anécdotas que recuerdes?

Uno de los momentos de máxima vergüenza para mi fue cuando Miss Mary insistió en que o Cristina Espinosa o yo teníamos que actuar en el papel de Michael Jackson en el Open Day. Cantando y bailando. Cristina ni se acuerda. A mi esto me traumatizó. Afortunadamente no se llevó a cabo. Algunos años más tarde, en la Universidad, me metí en la Tuna de Económicas y Empresariales. La música es una constante en mi vida. Me ayuda a compensar mi vida profesional de hombre de traje oscuro con espíritu de artista mediocre, pero voluntarioso. Maribel y Maite Azua. ‘La vaca nos da leche, que rica mantequilla’ con la que aprendimos el ritmo sincopado. 

 

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